miércoles, 8 de abril de 2009

"La faz oscura de la infancia" (de Jorge Volnovich, panelista de la jormada)

En el campo da prevención y atención de niños, niñas y adolescentes víctimas de malos tratos y abuso sexual, voy a hablar de micropolíticas públicas, lo que implica definir una posición ideológica y una oposición de hecho a las macropolíticas tejidas por los gobiernos y gobernantes de este nuevo milenio.
Posición que valoriza las acciones micromoleculares desarrolladas por las instituciones y grupos, tanto del Estado como de la sociedad civil, así como las pequeñas acciones desarrolladas en la cotidianeidad del barrio ,de la comunidad o de la familia, sede esta última, del mayor número de malos tratos y abusos. En efecto, la crueldad contra los niños está instalada en el quehacer diario, naturalizada, negada y solo una fuerte ideología anti-patriarcal que deje de mistificar a la familia y al mercado impedirá que a los niños se los discipline golpeándolos como animalitos salvajes o continúen siendo abusados como juguetes eróticos de consumo, tanto en la familia, en las escuelas, en los clubes, así como en los medios de comunicación, en especial la televisión.
Oposición que es más un pasaje a un segundo plano de las macropolíticas que, desde el Estado, las organizaciones civiles y religiosas, tanto nacionales como internacionales muestran todo lo que hacen por los niños, pero esconden la faz oscura de la infancia y de la adolescencia, en aquello que los socio-analistas denominamos efecto vitrina, por el cual cuanto más algo brilla, mas existe algo para esconder. Producen ese efecto haciendo brillar hasta el horror, verdadero culto siniestro al voyeurismo público, forma hiperreal de esconder lo que realmente sucede con los malos tratos.
Una anécdota: hace varios años en un Congreso da Bolívia sobre el tema, una importante institución internacional de gran prestigio presentó, con gran impacto, una piba de unos trece años que contó sus experiencias trágicas de vida, y como había sido rescatada de los malos tratos, del abuso sexual y de la indigencia. ¿Por que sentí un cierto mal estar por la exposición de la chica? Nunca fue extraño en los años 60 o 70 que, en congresos de ese tipo, alguien presente un niño o un adolescente para mostrar los beneficios de los valores del individualismo capitalista, el “self made child” sobre la masificación comunista, y luego, posteriormente a la caída del Muro de Berlín, para mostrar el milagro de la resiliencia, por la cual una niña podía atravesar situaciones traumáticas límites y sobrevivir a las mismas. Luego comprendí que mi malestar se debía el hecho a que la niña, brillando en una vitrina internacional, solo estaba siendo expuesta para justificar la existencia de la institución y de todas las instituciones que, ya sea desde el Estado, religiosas o de la sociedad civil, precisan de un palco lleno de niños y niñas que han superado el maltrato, la vulnerabilidad o la marginalidad para justificar su propia existencia. Tesis que desarrolló suficientemente Foucault, que postuló que no son necesarios médicos porque existen enfermos, sino que son necesarios enfermos porque existen médicos. De la misma forma, no son necesarias instituciones para cuidar de la infancia desamparada y vulnerada sino que es necesario producir niños desamparados para justificar la existencia de estas instituciones.
Sé que lo que digo es duro, mucho más considerando la carencia de servicios adecuados y especializados para la prevención y atención de niños, niñas y adolescentes objeto de malos tratos y por el esfuerzo que comparto con muchos amigos y colegas por instituirlos venciendo las resistencia del Estado y de la sociedad, pero, para ser coherentes con todo lo que enseñamos, es bueno tener en cuenta que cortar el círculo de violencia comienza en la propia casa.
Es mas, el ejemplo del cual les acabo de hablar demuestra que hoy habría que agregar al pensamiento de Foucault que en esta postmodernidad no basta con producir, además es necesario exhibir. Contradicción que se nos plantea ya que el principio básico que nortea nuestra práctica en el campo de los malos tratos nos lleva a prevenirlo y atenderlo a través de la ruptura del Muro de Silencio creado por la familia privada a su alrededor. No se debe callar, es cierto, ahora bien, como evitamos que el hablar sea capturado para ser exhibido por red telecomunicacionales nacionales e internacionales
Los malos tratos contra niños, niñas y adolescentes son hijos de la crueldad, dije, primero del patriarcado, luego del mercado, ahora por los dos juntos en el mercopatriarcado. Crueldad naturalizada en disciplina antes, en el consumo después. Negación que envuelve hasta las propias estructuras del Estado que niegan su existencia y apenas cuando los niños y adolescentes se vuelven delincuentes o prostitutas comienzan a clamar por mecanismos de contención social. Negación que concierne hasta simples investigaciones de prevalencia - total de casos que existen hoy, independientemente del momento en que fueron iniciados- a través de las cuales sabríamos, por ejemplo que, antes de los 16 anos, mas del 50 % de los abusos sexuales y malos tratos son practicados por hermanos biológicos mayores en los menores como lo demuestran las investigaciones internacionales (Allard-Dansereau, Haley, Hamane y Bernard-Bonnin, 1997).
Cosas de hermanos, juegos de niños, encubren el hecho de que la crueldad está desplazando su eje de asimetría entre adultos y niños para la violencia de niños contra niños. No por casualidad el bullying constituye hoy uno de los motivos principales de preocupación en las escuelas, porque los mecanismos de segregación en una sociedad donde lo virtual y lo real son la misma cosa, llevan a que cualquier niño, sintiéndose discriminado tanto en la escuela como en la casa, pase a destruir a su enemigo efectivamente, sea amiguito, profesora o testigo ocasional.
Esta postmodernidad ha terminado con el niño de “Que verde era mi valle” en donde el patriarcado enseñaba a los niños a defenderse de los ultrajes recibidos a través de los golpes y sin adultos en el medio. Hoy los golpes han sido sustituidos por emboscadas y armas de fuego de grueso calibre y los adultos deben intervenir muertos de miedo para evitar las tragedias tan naturalizadas en el famoso “ juego de niños”.
Esto no significa abogar por un neo moralismo como en el siglo XVIII, ya que sería imposible negar la sexualidad infantil o el hecho de que exista el goce de la crueldad entre los pibes, sino que obliga a que la sociedad tome una posición sobre la segregación desde el jardín de infantes y hasta antes del mismo.
Esta es una evidencia mas de que en nuestra época está cambiando el paradigma do los malos tratos contra los niños, niñas y adolescentes tanto en la calidad como en la intensidad de los mismos. En efecto, la violencia del golpe está, cada vez mas, siendo substituida por los malos tratos emocionales y la negligencia, mientras que los malos tratos que observamos todos los días, cada vez adoptan formas mas graves
Por consiguiente, en una sociedad pós-moderna como la nuestra, tenemos que aceptar la paradoja por la cual, existiendo una legislación sofisticada y justa como la Convención Internacional de Derechos del Niño que sirve de marco a las legislaciones nacionales de los Estados Parte , al mismo tiempo nunca hubo tanta violencia o prostitución infantil, mayor todavía que en el siglo XIX.
Entre otras cosas es necesario que también mencionemos, hablando de micropolíticas que, las legislaciones de los Estados Parte tienen su fundamento en la Convención y no al contrario, porque Dios no es brasilero, ni argentino, y mucho menos norteamericano, que todavía continua siendo el único país en el mundo en no adherir a la Convención Internacional de Derechos del Niño. Y cuando aluden a las dificultades de la propia estructura jurídica norteamericana, es bueno recordar que los derechos humanos del cual la Convención es tributaria, son de todo el mundo no solo los nuestros, eso sin contar que la propia Convención no es el Talmud y varios años después, tal vez haya varias cosas que deberían ser revisadas, en especial en los capítulos que se refieren a la infancia maltratada. Estoy diciendo esto porque la mistificación, resulta uno de los instrumentos más importantes de las macropolíticas para dominar y explotar la infancia y a adolescencia.
Las micropolíticas, a su vez, nos enfrentan con otras realidades tales como el hecho de que más del 60% de los malos tratos son practicados por las madres de los niños, idealizadas como “sagradas” en el aforismo “la cachetada de la madre es por amor"
[1] Estas madres son mujeres que trabajan el día entero, muchas veces sostienen el hogar sin ayuda de ningún hombre en los casos de familias monoparentales, y sufren en el trabajo, en la calle y hasta en los territorios comunicacionales la discriminación de ser mujeres. Esas madres también pueden tornar sus hijos objetos de malos tratos.
La cuestión entonces es que tanto la sagrada familia como la madre sagrada han dejado de ser espacios de consistencia y protección para pasar muchas veces a ser lugares de abandono y crueldad. Lo mismo sucede con la escuela, el club, la iglesia o a asistencia social. És verdad, con demasiada frecuencia las víctimas temen mucho mas a quien quiere ayudarla que al agresor.
¿No resulta entonces, una verdadera revictimización del niño, objeto de malos tratos, condenarlo a volver para su família que lo trata con crueldad, sin ninguna ayuda o soporte por parte del Estado, y aún con ese soporte, sin las garantías emocionales que no sean “es la madre que tiene” o es el padre que tiene”? .
Hablando de revictimización quiero manifestar públicamente mi apoyo a la reforma al Código Procesal Penal Argentino de autoría del Juez Carlos Rozansky en su art 250 y 250 ter que prevé que los niños deben declarar en audiencias preliminares, videograbadas, en ambientes adecuados a su edad, realizadas por un profesional especializado y con la presencia por punto electrónico de los profesionales de los servicios de justicia pertinentes. Siempre que no se reduzca a una única entrevista y siga los protocolos internacionales mas aceptados sobre las entrevistas de revelación de abuso sexual en los niños y niñas, creo que es un gran paso para evitar la exposición y revictimización del niño o la niña a cientos de entrevistas diagnósticas y forenses. Se trata, sin duda, de evitar crueldades en los procedimientos de la justicia ya que en la otra punta de la crueldad de la familia, tenemos la crueldad de la institucionalización del niño y de la niña criminalizada e criminalizante, vestigio actual de la política concentracionaria del patriarcado.
Por eso, des-sacralizando la familia buscamos lo mejor y nunca lucharemos por el retorno de lo peor. Nuestro objetivo consiste, entonces, en desmistificar la familia para dar importancia a otros vínculos de familiaridad en los cuales el niño y la niña puedan ser protegidos.
Por otra parte, la pós-modernidad ha incorporado a la ideología obscurantista del patriarcado, una parafernalia de técnicas e técnicos de última generación ofrecidos por el mercado. Tanto en los servicios de justicia como en la sociedad en su conjunto, las tesis mas reaccionarias que descalifican da palabra del niño, la niña y el adolescente, fundamentales al respeto del niño como sujeto de derechos y del deseo, se apoyan en supuestas nociones científicas de amplia divulgación mediática. Hace pocos años atrás, para una ideología patriarcal el niño siempre fantaseaba o mentía, ahora como habla muy bien, postulan que sufrió un lavado cerebral por parte de una madre maliciosa o un padre resentido.
Me refiero a esa aberración denominada Síndrome de Alienación Parental que es la base de la consideración de la denuncia de malos tratos, en especial el abuso sexual, como falsa y/o como producto de divorcios destructivos. Este Síndrome, de amplia divulgación mediática, consiste en afirmar que, fundamentalmente la madre, le puede lavar o cerebro al niño y volverlo un ventrílocuo de su discurso. Este síndrome desconoce que los malos tratos y el abuso sexual hace rato que dejaron de ser un síndrome porque no constituyen una enfermedad, ni transitan apenas por el campo de la Salud, siendo los indicadores parte de un diagnóstico psicosocial. Al mismo tiempo niega que hacer de un niño o una niña un ventrílocuo de la madre no es tan fácil, a menos que transitemos el complejo campo de los malos tratos emocionales, y finalmente desinforma del hecho de que el Síndrome de Alienación Parental, o SAP, fue rechazado como acientífico en todas las comunidades científicas donde el fallecido Gardner lo presentó, incluso en los mas altos tribunales de los E.E.U.U.
Consta que el SAP fue publicado por la propia editora de Gardner, que a la sazón se destacaba como especialista en declarar en los tribunales de justicia en los casos de divorcios destructivos. A través del mismo no sólo elaboró ese Síndrome como forma de discriminación contra la mujer, sino que, mucho mas que eso, descalificó la palabra del niño en aquello que mas lo califica en el proceso jurídico: el relato.
Lógicamente, todos nosotros sabemos que existen falsas denuncias de abuso sexual en el marco de divorcios destructivos, pero son consideradas en todas las investigaciones internacionales como unos 10% máximo del total de denuncias.
En la mas amplia investigación desarrollada en los USA en la década del 90 sobre 9.000 divorcios conflictivos apenas en 169 (3%) fue hecha una acusación de abuso sexual contra niños y de estos el 54% fue validado en el curso del proceso
[2]. Varios años después, siendo los niños ya adolescentes y pudiendo relatar los hechos traumáticos de su infancia, fue posible constatar que más del 30% de los casos que no habían sido validados por no llegar a conclusiones definitivas sobre el mismo, también habían sido verdaderos abusos.
El Síndrome de Alienación Parental invierte la proporción considerando que apenas 10% de las notificaciones y denuncias son válidas. Existe, inclusive en Río de Janeiro, ciudad donde desarrollo gran parte de mis trabajos, un libro publicado por una prestigiosa institución privada de psiquiatría y neurología infantil que afirma una estadística semejante de 80% de falsas denuncias sobre una muestra total de 10 casos aproximadamente. Esos 10 casos, lógicamente, consultaron esa institución y no otra por algún motivo, claro, que no es otro que el desculpabilizar al ofensor. Como vemos, muchos aceptan como verdad hasta estadísticas obtenidas por investigaciones que no soportan el menor rigor metodológico.
Siendo así, el SAP es un ejemplo, un analizador, como lo denominamos los analistas institucionales, de hipercodificación pós-moderna de fácil digestión comunicacional; nada es mas fácil que volver a considerar al niño apenas como un vaso vacío a llenar, una tabla rasa, como en el siglo XVIII, justificado por las supuestas nuevas “técnicas científicas”.
De alguna forma el SAP viene a sumarse a las hegemónicas posiciones ideológicas empiristas y adultomórficas, en especial en los servicios de justicia, que descalifican la propia semiótica de la infancia que se expresa a través del juego, del dibujo o del modelado, que pocas veces es legitimada como auténtica expresión de los traumas padecidos por los niños.
Pero las nuevas técnicas de captura pós-moderna del grito y de la angustia de las víctimas de malos tratos y de abuso sexual, no se reducen al SAP y a la adultoplastia de los niños. Lo mismo sucede con el tema de la resiliencia, que mencioné anteriormente. Producido para demostrar la capacidad humana de sobrevivir al trauma, objeto de extensos seminarios, congresos y textos, no pasa de una mas de las tantas justificaciones para desresponsabilizar al Estado para con toda la infancia y la adolescencia. Seria bueno que, en vez de medir el coeficiente de resiliencia, ver o coeficiente de inteligencia y oportunismo de quien defiende este tipo de gestión político-social y subjetiva de la infancia.
Ahora bien, desde las micropolíticas, esas prácticas que desarrollamos en los órganos administrativos, en los núcleos y servicios de la comunidad sea de la justicia, psicológicos o sociales, es que podemos de-construir mejor el quehacer de la crueldad que nos implica a todos. A ese respecto quería marcar dos cuestiones que, desde mi punto de vista son esenciales:
La primera tiene que ver con algo que ya mencioné en varios textos. Los agentes sociales, profesionales de diferentes disciplinas que trabajan en el campo de los malos tratos y el abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes siempre exclaman: Somos maltratados!
Maltratados por el Estado, por las autoridades, por la comunidad, etc, etc. Y es verdad, son, somos maltratados. Ejemplo de identificación inconsciente al objeto de trabajo, somos tan maltratados como los niños, niñas y adolescentes.
Las técnicas de esa crueldad son realmente interesantes porque van cambiando a medida que también lo hacen los regímenes políticos. Antes bastaba con excluir, negar, impedir o dejar vacios como para que las respuestas protectivas no tengan ningún soporte. Todavía recuerdo la frase famosa que todo Secretario de Desarrollo Social latinoamericano tenía como recurso para desmentir los malos tratos: “ SOLO TENGO PLATA PARA DARLE DE COMER A LOS CHICOS Y NO PARA PROGRAMAS DE PREVENCIÓN Y ATENCIÓN DE MALOS TRATOS AUNQUE SEAN NECESARIOS”. Una especie de ¿a quien querés más a mamá o a papá? y como era cierto que no tenían plata, teníamos que aceptar esa negación infantil como si fuese una verdad.
Hoy, gracias a la Ley 26061 existen técnicas de inclusión que consisten en privilegiar el tema, elogiar el trabajo, hasta jerarquizarlo, para después ir asfixiando el mismo despacito, cortando los pocos recursos económicos para los sistemas de protección hasta que mueran por su propio peso. A esto mi hermano lo bautizó Efecto Kursk, ese submarino nuclear soviético, orgullo de la marina, que, habiéndose hundido en aguas profundas, se fue quedando sin aire hasta que se murieron todos sus tripulantes. Eso es denominado vulgarmente precarización y apunta a que abandonemos la tarea, así como los niños abandonan la familia y prefieren la calle. La diferencia, claro está, es que nosotros tenemos voz aunque no siempre conseguimos que sea escuchada.
Los sistemas de crueldad, en especial desde o Estado son capaces de llevar al burn out a los profesionales y no preservan a nadie en nombre de la productividad y de la eficiencia imposible. Pero los programas sociales y las instituciones volcadas para esta noble tarea no son empresas y los niños apenas productos para llenar planillas Aquí vale la pena recordar la cuestión ética cuyo apoyo político-jurídico reside en la Ley. Los profesionales, ya sea de los servicios de justicia, de la asistencia social o la atención psicológíca , tanto del Estado como de las OSC, no estamos para ser castigados, sino para exigir que el Estado cumpla la ley. Amenazados, chantajeados y sobornados emocionalmente, es bueno recordar: nuestra ética solo puede protegernos desde la autogestión, como práctica solidaria y amiga, diferente de la gestión del mercado o del patriarcado
La segunda cuestión tiene que ver con el saber. El saber parece que está prohibido o restricto a cursos de capacitación de dudosa eficacia en la medida en que los participantes olvidan o reprimen lo que aprenden en la práctica cotidiana. El verdadero saber sobre los malos tratos y el abuso sexual merece tener el carácter de especializado, pero al mismo tiempo transita en la transversalidad entre las diferentes disciplinas , mucho mas todavía, en los sentimientos y en las transformaciones que la práctica cotidiana promueve en cada uno de nosotros .
La metamorfosis subjetiva de la cual habla Nietzsche en Así Hablaba Zaratustra, también atraviesa nuestro quehacer, dejando de ser apenas víctimas que protegen víctimas, para ser hombres y mujeres dispuestos a dar lo mejor de si para la protección de niños y adolescentes.
A respecto de ese saber transversal al cual me refiero, es bueno aclarar que no queda reducido a la interdisciplinaridad. Apunto mas allá de la misma, superando hasta la transdisciplinaridad como transformación subjetiva de los profesionales que transitan el saber y la experiencia traumática de escuchar a los traumatizados.
Quiero decir que el saber transversal implica a todos: profesionales de la salud, de la educación, de la protección social o de los servicios de justicia, pero también a los propios agentes sociales de la comunidad desde el portero de una escuela hasta un cura en una parroquia.
Esta transversalidad es la llave maestra de las micropolíticas destinadas a impedir los malos tratos contra niños y adolescentes. La transversalidad funciona como un espejo. En ella se reflejan las familias y los grupos. Significa la ruptura de instituídos donde el saber es dominio apenas de los que poseen doctorado. Y hablando de micropolíticas transversales me gustaría mencionar que la misma atraviesa municipios y provincias. Con efecto, los limites municipales, provinciales y nacionales, tanto políticos como geográficos, son una muy buena defensa para los agresores. El Síndrome de Munchaussen by proxy (por poder) es un ejemplo, ya que la madre maltratadora recorre todos los hospitales de diferentes municipios y provincias con su hijo maltratado para que no queden vestigios en la historia clínica del maltrato al niño o a la niña. Porque los sistemas de crueldad no tienen límites, aún más, transitan con gran facilidad en los limites, esos territorios fronterizos que son tierra de nadie.
Quiero decir que una micropolítica, a diferencia de una macropolítica, borra los límites entre los discursos de los especialistas, aunque debe ser conservado el saber especializado sobre los malos tratos, borra los límites entre lo legal y lo legítimo porque nadie puede esperar 6 meses hasta que una autoridad judicial determine una medida de protección, mientras la niña continua siendo abusada por un miembro de la familia, así como borra los limites municipales, provinciales y nacionales, ya que la crueldad es la misma en un barrio de clase alta o media o en cualquier villa miseria de Buenos Aires. Con esto reafirmo que lo legítimo no significa una trasgresión a la Ley sino que fija los limites de las micropolíticas establecidos por la ética de los equipos de trabajo, por la responsabilidad del Estado para con ellos y, lógicamente, por el compromiso de los profesionales con la Convención Internacional de Derechos del Niño.
Estas micropolíticas tienen una condición fundamental: la confianza entre quienes las ejercen. Confianza basada en la solidaridad de los profesionales y agentes sociales implicados y en la amistad de los que luchan por la causa de los niños y adolescentes.
Yo siempre pensé que, cuando la confianza o la amistad son dañadas, ese es el inicio del burn out. Burn out que resulta un correlato del contramovimento denominado Back Lash, pero que también expresa nuestra propia debilidad como movimiento destinado a la protección de los derechos vulnerados por los malos tratos.
Permitan que de un ejemplo:
Un grupo de trabajo pertenciente a una O.S.C comenzó a realizar un trabajo grupal com famílias violentas. Nos llamaron para “capacitarlos” en esa tarea, una de las más difíciles sin duda. Las personas que formaban parte del grupo que hizo la demanda estaban entusiasmados con el proyecto y la posibilidad, pero al tercer encuentro con los profesionales, mencionamos que para hacer un grupo con familias violentas, era necesario comenzar por ver las diferencias presentes en el grupo de coordinadores que se encargarían de esos grupos
Esto es llamado en el institucionalismo de análisis de la implicación, sea consciente o inconsciente del equipo que va a actuar, condición esencial para el comienzo de toda tarea en ese campo.
Fue allí que comenzaron los obstáculos, algunos situados en la práctica confesional, porque era una OSC perteneciente a una corriente religiosa, otros en la restricción que ponía el Estado por lo que les pagaban 3 o 4 meses después de comenzar a trabajar, la intensa burocracia que los obligaba a llenar planillas que solo terminaban sirviendo como papel higiénico, y hasta la extrangeridad del equipo de supervisores que no pertenecían al territorio geográfico y confesional.
¿Para que sirven entonces las micropolíticas?
Para dar cuenta de estos obstáculos en la práctica cotidiana volviéndolos ventajas, en la medida que permiten procesar un campo de diferencias y de ruptura de narcisismos mesiánicos en los propios agentes sociales. Esto es fundamental a la hora de encarar un grupo de familias violentas, donde precisamente las diferencias son abolidas, y donde el grupo de operadores sociales va a funcionar precisamente como un espejo para esas familias.
En caso de que no pongamos en tensión nuestro propio grupo de trabajo, su ideología y sus sentimientos frente a la institución a la cual pertenecemos, ¿como podemos pretender dar cuenta de la violencia familiar?
Este tipo de cuestión solo puede ser considerada como relevante a nivel de las micropolíticas, de los pequeños grupos de trabajo procesando permanentemente el lugar de las diferencias.
Las macropolítcas, por el contrario, tienen características molares y pueden indicar un trayecto, pero nunca pueden articular los meandros de ese trayecto que son, desde mi punto de vista, la llama viva del trabajo que realizamos.
Un dispositivo muy interesante desarrollado en varios países es el de trabajar sobre los noviazgos violentos entre los adolescentes como sucede en algunos centros de la Capital Federal.
Bueno, noviazgo es un decir, yo prefiero llamarlos de parejas violentas, porque la última novia o novio que conozco tienen aproximadamente unos 30 años. Pero también puede ser un ejemplo de micropolítica destinada a cortar el circuito de la violencia. Doy este ejemplo apenas para señalar que las micropolíticas son creativas y no dependen apenas de la inteligencia y capacidad vertical del próximo Secretario de la Infancia, sino de la gestión transversal de los colectivos dedicados a esta tarea.
Finalmente; hablé de confianza entre los agentes sociales que transitan en este campo sea desde el trabajo social, los servicios de justicia o la psicología. También existe una otra confianza: en nuestra gestión. Esta confianza nunca será una gracia concedida, muy por el contrario, es un producto de nuestra implicación, nuestros conocimientos e ignorancias, así como de nuestros actos.
Es una confianza conquistada en base a una o dos generaciones de profesionales que trabajaron, estudiaron y se dedicaron a la causa de los niños y adolescentes. El patriarcado, así como el mercado, dejaron y aún dejan sus marcas crueles en los corazones y mentes de los niños, niñas y adolescentes, pero también nuestra gestión tiene un lugar en esa historia, dejando marcas indelebles de libertad y humanidad.

[1] Con datos obtenidos entre 2001 a 2006 por los Núcleos de Atención a Niños y Adolescentes de Nova Iguaçu y Duque de Caxias. Rio de Janeiro. Convenio Sobepi-FIA
[2] Faller, Kathleen. En Abuso Sexual en la Infancia 3 – Volnovich, Jorge Comp. y autor Edit. Lumen . Buenos Aires,

jueves, 2 de abril de 2009

Las preguntas se amplían: ¿Qué es un psicoanalista?

En la reunión de Equipo de Salud Mental de Atencion Primaria se discutió el siguiente texto de la Lic. Adriana Rubinstein: Modos de aplicación del psicoanálisis:
Luego de algunos trabajos que tratan de cernir las diferencias entre psicoanálisis y psicoterapia el tema es encarado nuevamente por Miller de un modo esclarecedor, tomando como punto de partida al “psicoanálisis como práctica”, y destacando que la confusión verdaderamente importante, “es la que en nombre de la terapéutica, confunde lo que es psicoanálisis y lo que no lo es” y que ”Lo que hace falta es que el psicoanálisis aplicado a la terapéutica siga siendo psicoanálisis”. El peso de la distinción puro y aplicado pasa entonces a ser secundario, incluso “no esencial” respecto de la oposición principal de ambos con la psicoterapia.
Dada la complejidad del tema podrían precisarse entonces modos de aplicación del psicoanálisis teniendo en cuenta las condiciones en que éste se aplique, las demandas de que se trate y si funciona o no funciona el discurso analítico:
Podríamos ordenar las cosas de esta manera:
a. Si partimos de las condiciones del encuentro con un psicoanalista a partir de una demanda terapéutica (una consulta con un psicoanalista no precisada como demanda de análisis) habrá casos en que dicho encuentro se mantenga en el marco de las entrevistas preliminares sin que el tipo de demanda o la posición del sujeto den lugar a la instalación del discurso analítico en su forma más pura. Podríamos incluir aquí los casos a los que hace referencia Miller en “Las contraindicaciones al tratamiento analítico”
. Hay analista, pero no discurso analítico. Y no se trata de psicoterapia. No está asegurado “el oro puro del psicoanálisis” pero se mantiene lo esencial: la operación el deseo el analista. Es un modo de psicoanálisis aplicado, dentro del dispositivo pero sin entrada en análisis. Esto requiere pensar qué hay de analítico en las entrevistas preliminares y con modalidades de la demanda que rechazan el inconsciente
b. Habrá otros casos en que en cambio podrá instalarse el discurso analítico. Sería éste un modo de aplicación en el que la diferencia entre puro y aplicado se reduce: sería psicoanálisis en sentido propio, tal como Lacan lo emplea cuando dice “El psicoanálisis sólo se aplica, en sentido propio, como tratamiento y, por lo tanto, a un sujeto que habla y oye.” Pero sería puro si por puro consideramos el funcionamiento del discurso analítico. Son esos casos que llevan a reflexionar sobre la conveniencia de no llamarlo aplicado ya que se trata de psicoanálisis.
Aquí se nos borran las diferencias y se hace necesaria otra distinción. ¿A qué llamamos psicoanálisis puro? Quizás tengamos que diferenciar por lo menos dos alcances del término: puro en tanto funciona el discurso analítico y puro en tanto el análisis ha llegado a su fin y es posible investigar sus resultados. No siempre que se instale el discurso analítico está asegurado que el proceso llegará hasta su fin.
En esta dirección entonces, puede ser útil reducir el valor que la diferencia “puro” o “aplicado” tiene en el seno mismo de la experiencia analítica si entendemos por puro el funcionamiento del discurso, pero mantener su valor a los fines de estudio e investigación en el seno de la escuela en el dispositivo del pase a fin de interrogar el final del análisis y el deseo del analista.
c. Por último serían también modos de psicoanálisis aplicado aquellas intervenciones producidas por fuera del dispositivo analítico e incluso por fuera de condiciones terapéuticas. Intervenciones en guardia, en interconsultas, en escuelas, en juzgados y en todas aquellas condiciones en que por fuera del discurso analítico el analista pueda hacer lugar a la singularidad del sujeto, aun cuando no se trate de la iniciación de un análisis. Una referencia importante para estas aplicaciones la encuentro en El seminario 17 en una cita que ayuda a pensar la posición del analista en el psicoanálisis en extensión y en su relación con otros campos del saber. Allí plantea que no es el psicoanálisis lo que puede servir para una encuesta etnográfica. Pero afirma “para tener tal vez una pequeña posibilidad de hacer una encuesta etnográfica acertada, es preciso, lo repito, no proceder por medio del psicoanálisis, sino tal vez ser un psicoanalista, si es que eso existe”.
Hay algo común a todas estas aplicaciones En todas ellas hay psicoanalista y algo de su deseo operando en la producción de un sujeto. Puede no haber discurso analítico pero si hay psicoanalista, la intervención será sin duda diferente a la del psicoterapeuta o a formas de intervención que desconocen al sujeto en su enunciación y que de un modo u otro contribuyen a la objetivación y al desconocimiento del síntoma como lo más singular de cada uno, buscando la adaptación
Psicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado son psicoanálisis
Volvamos al campo de la experiencia. La distinción entre psicoanálisis puro y aplicado no es un “a priori”. No se ofrece a unos psicoanálisis puro y a otros aplicado, se ofrece psicoanálisis o al menos, un encuentro con un analista y se verá, après coup, hasta dónde es posible llegar en el recorrido de saber, en cada caso, una vez que se ha puesto en marcha el pivote de la transferencia.
Todo análisis, puro o aplicado comienza por un síntoma, o por un padecimiento. Tiene que haber algo que empuje, una demanda. No se inicia un análisis para formarse y otro para curarse y aun el deseo de advenir analista tiene que ser analizado. Por otro lado, también al concluir un análisis en su forma más pura se constatan efectos terapéuticos
Los alcances de cada cura dependen tanto de la posición del analista como de la posición subjetiva del que consulta. El deseo del analista se presenta como condición de la experiencia, pero no actúa en el vacío ni en condiciones ideales y deberá tener como punto de partida la modalidad y las condiciones de la demanda. En cada caso el analista se sitúa con la versatilidad necesaria para producir las intervenciones que dicho caso requiera.
Pero será psicoanálisis si conserva lo esencial.
Psicoanálisis no es psicoterapia
¿Qué es entonces lo esencial?
Pondré el acento en el deseo y la posición del analista y en la orientación que sostiene su praxis. El encuentro con un analista y con su deseo abre la oportunidad de que la respuesta a la demanda se oriente en dirección al saber inconsciente y a las condiciones singulares del goce de cada uno, de que la transferencia sea empleada para producir un saber y no para la sugestión, de que los dichos del sujeto puedan ser escuchados para localizarlo en su decir. La orientación, permite operar con lo real de la castración desde el comienzo, acompañar las invenciones del sujeto frente a lo imposible de la relación sexual, y ante lo ineliminable de la castración del Otro y apuntar a una modificación de su economía libidinal, a un cambio de posición en la relación con su deseo y con su goce. No importa hasta dónde se llegue en cada caso , esto vale en cada encuentro, con diferentes demandas, con tiempos variables, ya sea en el consultorio, en el prepago o en el hospital. Y en este sentido el psicoanálisis puro siempre orienta la intervención, aun cuando no se logre llegar al final del análisis.


A partir de él la pregunta ¿Qué es un TSM? se amplió con ¿Que es un psicoanalista?

sábado, 28 de marzo de 2009

¿Qué es un trabajador de la Salud Mental?

En la última reunión del lunes 16 de marzose planteó un interesante y confuso debate: ¿Qué es un TSM?
Descubrimos que hay neuropsicólogos que se consideran por fuera de este agrupamiento y abogados que se sienten dentro. Esta confusión de los límites es un primer logro de la preparación de las jornadas. Ahora comencemos a precisar.
Podemos colocar nuestra opinión sobre el tema en los comentarios. ¿Qué es un trabajador de la Salud Mental?

¿Cuantos soms los trabajadores de salud mental en Vicente López?

Es necesario que sepamos cuantos somos. Hasta donde hemos avanzado hoy estos son los números (sujetos a revisión y planteados para ser revisados):

Dirección de Atención Primaria
37
Educación
23
Niñez
25
Defensa Civil
2
Adolescencia
3
Juventud
4
Psicopatología HVL
15
Hospital Santa Rosa
2
Rehabilitación
15
Mujer
13

Total hasta ahora
139

Además es importante saber si hay colegas no rentados (hoy tenemos una altísima tasa de rentados lo que es un orgullo en al ámbito público) y que paradigmas son los que rigen su tarea, dentro del amplio arco que va del organicismo al tratamiento por la palabra. Y cuál es la profesión de cada uno.

Si tienen precisiones o correcciones haganlos en este post.

Texto del Dr. Galende (Invitado al Panel Final de las Jorandas)

Los problemas de la salud mental se han expandido, su complejidad se ha hecho evidente por sí misma. De lo que se trata hoy va más allá del asilo, las cadenas, el encierro, el adoctrinamiento simbólico por la institución de la psiquiatría. El encierro, la contención y el disciplinamiento mismo pueden dejar de ser necesarios si la ideología psiquiátrica positivista logra imponerse definiendo la condición de “paciente” como ajena al dominio de la experiencia humana con sentido. Si la ansiedad, la tristeza profunda, la imposibilidad de conciliar el sueño, la inquietud y desatención de los niños, las obsesiones y las dudas que afectan a mujeres y hombres de nuestro tiempo son aceptadas como enfermedades y pasibles de su tratamiento por medios técnicos artificiales, esta psiquiatría positivista habrá finalmente consumado sus objetivos, ahora por medios menos violentos con los que persiguió este mismo objetivo en el siglo XIX y en los manicomios actuales. Si se logra definir que estas emociones y sentimientos humanos son “procesos patológicos”, no importa tanto si se lo atribuye al cerebro, a lo medioambiental o a la sociedad, nadie podrá en su sano juicio pedirle a la gente común que no trate de librarse de él por medio de algún remedio.
D. Ingleby señala: “La psiquiatría carga sobre sí misma la responsabilidad del dolor y la frustración de las personas; confisca sus problemas, los redefine como ‘enfermedades’ y (con suerte) extermina los síntomas. Venid a mí, todos los que trabajáis y estáis sobrecargados y yo os daré... olvido. A medida que este aparato se perfeccione, más y más se aleja hacia el futuro el objetivo de una sociedad verdaderamente adecuada para que en ella vivan los seres humanos”.
Desandar la enorme mistificación de la vida y sus padecimientos que los códigos de la psiquiatría han edificado en sus doscientos años de existencia, agregando la nueva fuerza y los enormes recursos económicos que le aporta su sociedad innegable con la industria farmacéutica no resulta tarea sencilla. Pero cabe confiar que este poder exacerbado actualmente, esta nueva hegemonía del antiguo positivismo, como nos lo enseña la historia, está a la vez anunciando su decadencia y su imposibilidad de respuesta a lo esencial del sentir y el pensar del hombre.
En la situación en que estamos hoy en el campo de la salud mental, es ineludible preguntarnos acerca de por qué razones la gran conmoción intelectual y política de los años sesenta, que cuestionó y puso en crisis todo el edificio doctrinario y práctico de la psiquiatría positivista y de la institución asilar, desde su saber, su metodología, su estilo intelectual de conocimiento, que llevaron a un replanteo de sus prácticas diagnósticas y sus tratamientos, no logró detener esta tendencia histórica a la recaída en el antiguo positivismo biológico. Reconocemos que en muchos países, especialmente de Europa, este período dio lugar a grandes reformas en los sistemas de atención, el cierre de hospitales psiquiátricos y su reemplazo por servicios comunitarios, el vuelco de la atención al primer nivel del sistema de salud y la inclusión de otros profesionales en las prácticas del sector (psicólogos, trabajadores sociales, enfermeros, etc.). No ocurrió así en los países llamados periféricos, que manteniendo lo esencial del modelo asilar fueron mucho más rápidamente aptos para la instalación de esta nueva medicalización de la vida. Si bien la crisis de los años sesenta estaba planteada en la psiquiatría y la institución asilar, abarcó y tuvo impacto en el conjunto de las ciencias humanas. La deconstrucción de la institución psiquiátrica develó al mismo tiempo los juegos entre el poder de las disciplinas, su papel como aparatos ideológicos (Althusser), su función social de disciplinamiento y control (Foucault). El develamiento de un mismo régimen de “institución total” mostrado por Goffman en el hospital psiquiátrico, la cárcel, los institutos de menores, se constituyó en un nuevo indicador para comprender la función sobre la subjetividad de este poder institucional. Las convincentes demostraciones de Foucault en relación con las formas del saber y su relación con la dominación, capaces de generar formas de subjetividad con la marca de la disciplina, que llevaron a conceptos hoy vigentes en las ciencias sociales como el de “institucionalización” y “producción subjetiva”. La emergencia de un nuevo modo de comprender por el cual se devela que las teorías no son reflejo de ninguna realidad objetiva sino constructoras de su objeto, surgido en estos años y hoy reconocido en todas las disciplinas humanísticas. La crítica al positivismo en la medicina y en el campo de la salud, que influyó y hoy sostiene mucho de los movimientos de Salud Colectiva. El retorno a la compresión de la subjetividad como agente a la vez no autónomo ni consciente de su propia producción, que inspira (especialmente por influencia del psicoanálisis) muchas de las teorías sociales y políticas vigentes.
Todos estos cambios intelectuales se dieron en forma conjunta mostrando lo fecundo de aquellos nuevos principios de la crítica, que ponían sobre la escena social a los grandes críticos de la razón moderna, Marx, Nietzsche, Freud, cita obligada en toda la producción de una nueva cultura intelectual. Los movimientos críticos de la psiquiatría formaron parte de este giro en los modos de pensar y hacer, uniendo a una racionalidad crítica la defensa de los derechos humanos, el cuestionamiento al autoritarismo de la disciplina, la función ideológica que cumplía la institucionalización. Especialmente los llamados movimientos de la antipsiquiatría (Laing, Cooper, Basaglia, Castel, Szasz) y también de otros que, sin la oposición antipsiquiátrica, se propusieron desarrollar una nueva interpretación del sufrimiento mental en relación con la cultura y la vida social (Marcuse, Sayers, Wing, Brown, Ingleby, Fanon, Sennet, Esterson, Mannoni, Busfierd, etc.)
Es probable que no haya una única respuesta a esta situación, de hecho queda la pregunta ya formulada de cuánto los cambios en la cultura de estos años han influido, han hecho más funcionales a los criterios de la psiquiatría las creencias y los comportamientos prácticos de las personas. Quiero al menos intentar una respuesta, enfocando uno de los nuevos poderes en este campo, me refiero a la industria farmacéutica. Poder no desestimable si tenemos en cuenta que (en 2004) vendió cerca de seiscientos mil millones de dólares y que la producción y venta de psicofármacos, rubro medio hasta los años ochenta, alcanza en los últimos años los primeros puestos entre la venta general de medicamentos.
Está claro que este nuevo mercado no puede dejar de proteger e incrementar sus intereses económicos, y estos intereses vienen de la mano de la investigación científica. Está claro que de ninguna manera cuestiono el valor de la investigación y la ayuda financiera de la industria a esta investigación, ni tampoco desconozco el valor de alivio que estos nuevos psicofármacos significan para muchas personas; lo que trato de comprender es el funcionamiento social real de este poder económico en el campo de la salud mental. Hubo en estos años al menos tres procesos, relativamente nuevos para el campo de la salud mental, que tenían antecedentes, aun cuando en menor escala, en la medicina general. En primer lugar, la industria aplica enormes recursos económicos a la investigación neurobiológica y genética, en gran parte dirigidos a la producción de nuevas moléculas químicas; un noventa por ciento de la investigación actual en este sector está financiada por la misma industria, en laboratorios propios, financiando universidades y laboratorios privados. Es obvio que la producción científica está direccionada a la producción de conocimientos en el cual se alimenta hoy gran parte del saber de los psiquiatras. En segundo lugar, desde hace años, bajo el eslogan de la “década del cerebro”, la industria desarrolla una política amplia de difusión, dirigida a crear y fortalecer el mercado para sus productos. Estos objetivos se dirigen en dos direcciones. Por un lado, a través de medios masivos de comunicación: periódicos, revistas, televisión, noticieros, documentales en cine, etc., en los cuales se anuncian periódicamente nuevos descubrimientos “científicos” sobre el comportamiento humano y sus malestares, e indica que la “ciencia está tras ellos” para combatirlos: pronto estará el anuncio del nuevo remedio (ver la campaña por el alprazolan en Estados Unidos, luego por la foxetina, últimamente por el Viagra). Por otra parte, una política similar de propaganda se dirige al sector profesional (que es el que en definitiva vende estos productos): artículos en revistas científicas, publicación de nuevos estudios, financiando libros y revistas, organizando simposios donde se exponen los nuevos productos y sus beneficios, financiando la realización de congresos. Gran parte de la literatura científica actual sobre las neurociencias y la aplicación de fármacos en psiquiatría proviene de esta industria. En tercer lugar, asistimos, como parte de esta política, a una nueva asociación entre la industria farmacéutica y las corporaciones de los especialistas. Por esta asociación la industria financia la realización de congresos, las publicaciones de las asociaciones profesionales, viajes de placer, jornadas especiales sobre un nuevo producto, etc. Quienes asisten últimamente a estos congresos podrán observar que su montaje es progresivamente más dependiente de los laboratorios y sus criterios de comercialización que de los criterios científicos de la disciplina. Muchas de estas actividades están dirigidas a promover determinados liderazgos científicos entre profesionales más aptos para plegarse a los objetivos comerciales de la industria. En su conjunto, todas estas acciones convergen para potenciar la medicalización, generar la ilusión de que para cada malestar de la existencia tendremos el remedio adecuado para eliminarlo, sin necesidad de detenernos en preguntarnos por sus razones. Es tal la magnitud de este nuevo poder, y de esta asociación con las corporaciones profesionales, que recientemente se está promoviendo en el ámbito legislativo en Estados Unidos una ley para limitar y controlar esta relación económica entre industria y profesionales.
* Fragmento del libro Psicofármacos y salud mental. La ilusión de no ser, de reciente aparición (Lugar Editorial). Publicado en Página12

Reunión de Enero 2009

En Enero realizamos una reunión preliminar y dos más en marzo. En la primera de las reuniones del año ajustamos algunos temas a través del siguiente texto:

¿Por qué tomarse el trabajo de realizar unas Jornadas, con todo el trabajo que tenemos, con la gran demanda de atención, con todos los huecos que hay que cubrir cotidianamente.
Es obvio que realizar unas jornadas demanda tiempo y trabajo y, justamente por eso, ¿por qué hacerlas?
Precisamente por todo lo dicho.
En las reuniones de equipos, en las charlas con colegas, en las comunicaciones para derivar, en los encuentros de zona 5°, un tema es reincidente en su contenido y molesto en su forma: la queja por las falencias del sistema.
Para no extendernos en detalles, hay algunos puntos de lo dicho que se pueden señalar:
1) Somos muchos pero estamos desarticulados, ni siquiera nos conocemos, no sabemos bien que incumbencias tiene cada institución, que trayectoria o formación cada colega, no sabemos su nombre ni conocemos su cara.
2) Nos quejamos, sobre todo cuando el agua nos llega al cuello, pero no elaboramos teórica y técnicamente, respuestas y salidas prácticas para ofrecer a quienes toman las decisiones.
3) Llegado el momento de elaboración teórica, en congresos y jornadas se vuelve una y otra vez al caso clínico exitoso, a la experiencia replicable: a lo positivo de nuestra práctica.
4) Y sin embargo la literatura profesional cada vez mas incluye (con poca precisión es verdad) la referencia social e institucional.
Ahora tenemos la posibilidad de conocernos, intercambiar y producir. Y hacerlo no a través de lo que hacemos (siempre proclive al entuerto narcisista) sino de los que más nos une: lo que falta.
Lo que falta es un segundo nivel de salud mental: tenemos un amplio espectro de modalidades de atención ambulatoria, generales o especializadas. Pero no hay como responder si la consulta ambulatoria y periódica no es lo adecuado.
Pensemos lo que sucede ante un brote, una emergencia, una situación cronificada, etc. etc.
Pensemos también que no conocemos al colega al que le derivamos un paciente o le pedimos alguna solución.
Pensemos que no sabemos cual es la dimensión real de la oferta de respuestas en salud mental del municipio: ni cuantitativa ni cualitativamente.
Pensemos que podemos dejar eso en manos de otros, pero…. ¿Porque tomaríamos esa decisión alienante si nuestro trabajo con los pacientes apunta en sentido contrario?
De tal manera que una jornada puede ser una excelente excusa, si se quiere, para varias cosas:
1) Conocernos, lo que podemos hacer a través de estas reuniones, compartiendo correos electrónicos, teléfonos, celulares. Realizando una prejornada en el mes de junio. Además conocernos es una forma de darnos a conocer.
2) Precisarnos, saber a ciencia cierta cual es la dimensión cuantitativa de nuestro trabajo. Precisar cuantos somos, cuantos pacientes tratamos, cuantos de ellos requieren otros dispositivos, que tipo de estructura laboral nos engloba, etc.
3) Explicarnos, a nosotros y de esa forma a los demás, que dispositivos son necesarios y para que son necesarios, si queremos un sistema de salud mental menos deficitario. Elaborar teóricamente que tiene que ver la subjetividad y la demanda social.
4) Incorporar a esa reflexión elaboraciones novedosas, por lo que podemos pensar los panelistas en función de la creatividad e innovación respecto a los problemas que tenemos: como la invitación a la lic. Inés Rosbaco (investigadora sobre la producción de subjetividad en los barrios marginales a través de la educación, autora de “El desnutrido escolar”) y del Dr. Emiliano Galende (prestigioso profesional que acaba de editar “Psicofármacos y salud mental: la ilusión de no ser”)
5) El comité organizador es el que debe motorizar esta tarea. Quedan 8 meses.

Memorando de la convocartoria

Memorando:
Fecha: 15 de septiembre de 2008
De: Coordinación de Salud Mental Atención Primaria
Para: Dirección de Atención Primaria
Objeto:
Proponer la realización de las Primeras Jornadas de Salud Mental de la Municipalidad de Vicente López. Teniendo en cuenta las reuniones periódicas que la coordinación de Salud mental de la región 5° ha convocado a largo de este año, los comunes problemas que se han planteado en ella, la propuesta de un Centro de Día para resolver en el ámbito del partido una de las problemáticas más acuciantes de la salud mental y la necesidad del trabajo y la elaboración en equipo, nos ha hecho pensar en la propuesta de un encuentro de producción en común de los distintos efectores de la MVL invitando a los colegas de la región. De allí la necesidad de la convocatoria conjunta, y la elección del nombre de la convocatoria. Seguros que la elaboración común genera un salto en calidad, perceptible en respuestas nuevas a viejos problemas irresueltos, hacemos la siguiente propuesta para comenzar su organización:

Convocatoria: “Salud mental: articulaciones y dispositivos”
Objetivo:
Promover y servir de anfitriones a un debate sobre los diversos dispositivos utilizados en la salud mental en general y especialmente en el ámbito de la salud publica, su interrelación y coordinación, su reconocimiento-desconocimiento, y las propuestas renovadoras existentes. A la vez que realizar en acto, a través de los profesionales intervinientes la ampliación de las experiencias por la vía del debate y elaboración conjuntos. Desde cada uno de los servicios y equipos del municipio, aportar experiencias y conclusiones sobre las articulaciones existentes y las requeridas y necesarias. Desde los otros municipios de la región sanitaria 5° de la PBA, recibir diversas modalidades de articulación y construir a la vez la red provincial de servicio y atención que la población necesita.
Fecha Septiembre del 2009
Duración: Una jornada desde las 8:30 hasta las 14
Modalidad 4 mesas de trabajos libres (admitidos por la comisión científica del evento) y un panel final convocando a colegas de reconocida trayectoria y experiencia en el tema.
Lugar: A designar
Invitados: Los referentes de los servicios de los otros municipios y profesionales con trayectoria en el tema de la implicancia salud publica y mental.
Comisión organizadora:
Atención Primaria: Lic. Y. Gómez, Lic. N. Armentano, Lic. M. F. Gamallo, Lic. R. Maldonado